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Sunday, June 10, 2012

El mago que vivi� para siempre

Para el final de esta m�s que movida primera semana de junio prefiero quedarme con el recuerdo de Ray Bradbury, con aquel chico de un pueblo de Illinois que nos regal� el verano de sus 12 a�os, convenientemente embotellado, para que ahora podamos degustarlo en el largo y fr�o invierno. Con el escritor formado a golpe de visitas a bibliotecas p�blicas, durante los a�os de la Gran Depresi�n, hecho a s� mismo y de dif�cil clasificaci�n pero siempre popular; ya sab�is: Si os dan papel pautado escribid por el otro lado con este recuerdo a Juan Ram�n Jim�nez dar�a comienzo a Farenheit 451. El descendiente de una de las brujas de Salem, que decidir�a en su infancia vivir para siempre a trav�s de la escritura, quien nos present� al se�or Mortajosario, a la Familia y al resto de seres nocturnos que nos visitan durante la noche de brujas con una promesa: De la ceniza volver�s. Con el so�ador, en fin, que hizo viajar a Marte el coraz�n humano y nos invit� a un picnic de un mill�n de a�os. El cuentacuentos que nos hizo conocer el terrible poder del ruido de un trueno. Pero, sobre todo, con el hombre que nos anim� a recordar la importancia de lo cotidiano, de mirar al otro que tenemos al lado. De no olvidarnos, en fin, que somos humanos. ;)

El mago que vivi� para siempre

Para el final de esta m�s que movida primera semana de junio prefiero quedarme con el recuerdo de Ray Bradbury, con aquel chico de un pueblo de Illinois que nos regal� el verano de sus 12 a�os, convenientemente embotellado, para que ahora podamos degustarlo en el largo y fr�o invierno. Con el escritor formado a golpe de visitas a bibliotecas p�blicas, durante los a�os de la Gran Depresi�n, hecho a s� mismo y de dif�cil clasificaci�n pero siempre popular; ya sab�is: Si os dan papel pautado escribid por el otro lado con este recuerdo a Juan Ram�n Jim�nez dar�a comienzo a Farenheit 451. El descendiente de una de las brujas de Salem, que decidir�a en su infancia vivir para siempre a trav�s de la escritura, quien nos present� al se�or Mortajosario, a la Familia y al resto de seres nocturnos que nos visitan durante la noche de brujas con una promesa: De la ceniza volver�s. Con el so�ador, en fin, que hizo viajar a Marte el coraz�n humano y nos invit� a un picnic de un mill�n de a�os. El cuentacuentos que nos hizo conocer el terrible poder del ruido de un trueno. Pero, sobre todo, con el hombre que nos anim� a recordar la importancia de lo cotidiano, de mirar al otro que tenemos al lado. De no olvidarnos, en fin, que somos humanos. ;)

Thursday, September 16, 2010

Do�a Fortuna y don Dinero

Pues, se�ores, vengamos al caso: era �ste que viv�an enamorados do�a Fortuna y don Dinero, de manera que no se ve�a al uno sin el otro. Tras de la soga anda el caldero; tras do�a Fortuna andaba don Dinero: as� sucedi� que dio la gente en murmurar, por lo que determinaron casarse.
Era don Dinero un gordote rechoncho, con una cabeza redonda de oro del Per�, una barriga de plata de M�jico, unas piernas de cobre de Segovia y unas zapatas de papel de la gran f�brica de Madrid.
Do�a Fortuna era una locona, sin fe ni ley, muy raspagona, muy rala, y m�s ciega que un topo.
No bien se hubieron los novios comido el pan de la boda, que se pusieron de esquina: la mujer quer�a mandar, pero don Dinero, que es engre�do y soberbio, no estaba por ese gusto.
Se�ores, dec�a mi padre (en gloria est�) que si el mar se casase, hab�a de perder su braveza; pero don Dinero es m�s soberbio que el mar y no perd�a sus �nfulas.
Como ambos quer�an ser m�s y mejor y ninguno quer�a ser menos, determinaron hacer la prueba de cu�l de los dos tendr�a m�s poder.
-Mira -le dijo la mujer al marido-, �ves all� abajo en el chueco de un olivo aquel pobre tan cabizbajo y moh�no? Vamos a ver cu�l de los dos, t� o yo, le hacemos mejor suerte.
Convino el marido; enderezaron hacia el olivo y all� se encamparon; �l raneando, ella de un salto.
El hombre, que era un desdichado que en la vida le hab�a echado la vista encima ni al uno ni al otro, abri� los ojos tama�os como aceitunas cuando aquellos dos us�as se le plantaron delante.
-�Dios te guarde! -dijo don Dinero.
-Y a us�a tambi�n -contest� el pobre.
-�No me conoces?
-No conozco a su merced sino para servirle.
-�Nunca has visto mi cara?
-En la vida de Dios.
-Pues qu�, �nada posees?
-S�, se�or; tengo seis hijos desnudos como cerrojos, con ga�otes como calcetas viejas; pero en punto a bienes, no tengo m�s que un coge y come cuando lo hay.
-�Y por qu� no trabajas?
-�Toma! Porque no hallo trabajo. �Tengo tan mala fortuna, que todo me sale torcido como cuerno de cabra! Desde que me cas� pareci� que me hab�a ca�do la helada, y soy la prosulta de la desdicha, se�or. Ah� nos puso un amo a labrarle un pozo a destajo, aprometi�ndonos sendos doblones cuando se le diese rematado; pero antes no soltaba un maraved�; asina fue el trato.
-Y bien que lo pens� el due�o -dijo sentenciosamente su interlocutor-, pues dice el refr�n dineros tomados, brazos quebrados. Sigue, hombre.
-Nos pusimos a trabajar echando el alma, porque aqu� donde su merced me ve con esta facha ruin, yo soy un hombre, se�or.
-�Ya! -dijo don Dinero-. En eso estoy.
-Es, se�or -repuso el hombre-, que hay cuatro clases de hombres: hay hombres como son los hombres; hay hombrecillos, hay monicacos y hay monicaquillos que no merecen ni el agua que beben. Pero, como iba diciendo, por mucho que cavamos, por m�s que ahondamos, ni una gota de agua hallamos. No parec�a sino que se hab�an secado los centros de la tierra; nada hallamos, se�or, a la fin y a la postre, sino un zapatero de viejo.
-�En las entra�as de la tierra! -exclam� don Dinero, indignado de saber tan mal avecindado su palacio solariego.
-No, se�or -respondi� el pobre-; no en las entra�as de la tierra, sino de la otra banda, en la tierra de la otra gente.
-�Qu� gentes, hombre?
-Las antr�pulas, se�or.
-Quiero favorecerte, amigo -dijo don Dinero metiendo al pobre pomposamente un duro en la mano.
Al pobre le pareci� aquello un sue�o y ech� a correr que volaba, que la alegr�a le puso alas a los pies; arrib� derechito a una panader�a y compr� pan; pero cuando fue a sacar la moneda no hall� sino un agujero, por el que se hab�a salido el duro sin despedirse.
El pobre, desesperado, se puso a buscarlo; pero �qu� hab�a de hallar! Cochino que es para el lobo no hay San Ant�n que le guarde.
Tras el duro perdi� el tiempo, y tras el tiempo la paciencia, y se puso a echarle a su mala fortuna cada maldici�n que abr�a las carnes.
Do�a Fortuna se tend�a de risa; la cara de don Dinero se puso a�n m�s amarilla de coraje; pero no tuvo m�s remedio que rascarse el bolsillo y darle al pobre otra onza.
A �ste le entr� un alegr�n que le sal�a el coraz�n por los ojos.
Esta vez no fue a por pan, sino a una tienda en que merc� telas para echarles a la mujer y a los hijos un rocioncito de ropa encima.
Pero cuando fue a pagar y entreg� la onza, el mercader le puso por esos mundos, diciendo que aquella era una mala moneda; que, por tanto, ser�a su due�o un monedero falso y que lo iba a delatar a la justicia.
El pobre, al o�r esto, se abochorn� y se le puso la cara tan encendida que se pod�an tostar habas en ella; toc� de suela y fue a contarle a don Dinero lo que le pasaba, llorando por su cara abajo.
Al o�rlo do�a Fortuna, se desternillaba de risa y a don Dinero se le iba subiendo la mostaza a las narices.
-Toma -le dijo al pobre d�ndole dos mil reales-; mala fortuna tienes, pero yo te he de sacar adelante o he de poder poco.
El pobre se fue tan enajenado que no vio, hasta que dio de narices con ellos, a unos ladrones que lo dejaron como su madre lo pari�.
Do�a Fortuna le hac�a la mamola a su marido, y �ste estaba m�s corrido que una mona.
-Ahora me toca a mi -le dijo-, y hemos de ver qui�n puede m�s, las faldas o los calzones.
Acerc�se entonces al pobre, que se hab�a tirado al suelo y se arrancaba los cabellos, y sopl� sobre �l. Al punto se hall� �ste debajo de la mano el duro que se le hab�a perdido.
-Algo es algo -dijo para s�-; vamos a comprarles pan a mis hijos, que ha tres d�as que andan a medio sueldo y tendr�n los est�magos m�s limpios que una paterna.
Al pasar frente a la tienda en la que se hab�a mercado la ropa, lo llam� el mercader y le dijo que le hab�a de disimular lo que hab�a hecho con �l; que se le figur� que la onza era mala, pero que habiendo acertado a entrar all� el contrastador, le hab�a asegurado que la onza era buen�sima y tan cabal en el peso que m�s bien le sobraba que no le faltaba; que ah� la ten�a, y adem�s toda la ropa que hab�a apartado, que le daba en cambio de lo que hab�a hecho con �l.
El pobre se dio por satisfecho, carg� con todo, y al pasar por la plaza, cate usted ah� que la partida de napoleones de la Guardia Civil tra�a presos a los ladrones que le hab�an robado, y en seguida el juez, que era un juez como Dios manda, le hizo restituir los dos mil reales sin costas ni mermas. Puso el pobre este dinero con un compadre suyo en una mina, y no bien hab�an ahondado tres varas, cuando se hallaron un fil�n de oro, otro de plomo y otro de hierro. A poco le dijeron don, luego us�a y luego excelencia.
Desde entonces tiene do�a Fortuna a su marido amilanado y metido en un zapato, y ella, m�s casquivana, m�s desatinada que nunca, sigue repartiendo sus favores sin ton ni son, al buen tunt�n, a la buena de Dios, a cara o cruz, a manera de palo de ciego, y alguno alcanzar� al narrador si le agrada el cuento al lector.
Espero que a do�a Fortuna le d� por repartir entre todos. ;) Como hay veces en que un blog es tambi�n ese lugar en que ponemos aquello que queremos volver a encontrar, aqu� os dejo con uno de los cuentos recopilados por Fern�n Caballero. Si os gusta, ten�is m�s en los siguientes enlaces:

Do�a Fortuna y don Dinero

Pues, se�ores, vengamos al caso: era �ste que viv�an enamorados do�a Fortuna y don Dinero, de manera que no se ve�a al uno sin el otro. Tras de la soga anda el caldero; tras do�a Fortuna andaba don Dinero: as� sucedi� que dio la gente en murmurar, por lo que determinaron casarse.
Era don Dinero un gordote rechoncho, con una cabeza redonda de oro del Per�, una barriga de plata de M�jico, unas piernas de cobre de Segovia y unas zapatas de papel de la gran f�brica de Madrid.
Do�a Fortuna era una locona, sin fe ni ley, muy raspagona, muy rala, y m�s ciega que un topo.
No bien se hubieron los novios comido el pan de la boda, que se pusieron de esquina: la mujer quer�a mandar, pero don Dinero, que es engre�do y soberbio, no estaba por ese gusto.
Se�ores, dec�a mi padre (en gloria est�) que si el mar se casase, hab�a de perder su braveza; pero don Dinero es m�s soberbio que el mar y no perd�a sus �nfulas.
Como ambos quer�an ser m�s y mejor y ninguno quer�a ser menos, determinaron hacer la prueba de cu�l de los dos tendr�a m�s poder.
-Mira -le dijo la mujer al marido-, �ves all� abajo en el chueco de un olivo aquel pobre tan cabizbajo y moh�no? Vamos a ver cu�l de los dos, t� o yo, le hacemos mejor suerte.
Convino el marido; enderezaron hacia el olivo y all� se encamparon; �l raneando, ella de un salto.
El hombre, que era un desdichado que en la vida le hab�a echado la vista encima ni al uno ni al otro, abri� los ojos tama�os como aceitunas cuando aquellos dos us�as se le plantaron delante.
-�Dios te guarde! -dijo don Dinero.
-Y a us�a tambi�n -contest� el pobre.
-�No me conoces?
-No conozco a su merced sino para servirle.
-�Nunca has visto mi cara?
-En la vida de Dios.
-Pues qu�, �nada posees?
-S�, se�or; tengo seis hijos desnudos como cerrojos, con ga�otes como calcetas viejas; pero en punto a bienes, no tengo m�s que un coge y come cuando lo hay.
-�Y por qu� no trabajas?
-�Toma! Porque no hallo trabajo. �Tengo tan mala fortuna, que todo me sale torcido como cuerno de cabra! Desde que me cas� pareci� que me hab�a ca�do la helada, y soy la prosulta de la desdicha, se�or. Ah� nos puso un amo a labrarle un pozo a destajo, aprometi�ndonos sendos doblones cuando se le diese rematado; pero antes no soltaba un maraved�; asina fue el trato.
-Y bien que lo pens� el due�o -dijo sentenciosamente su interlocutor-, pues dice el refr�n dineros tomados, brazos quebrados. Sigue, hombre.
-Nos pusimos a trabajar echando el alma, porque aqu� donde su merced me ve con esta facha ruin, yo soy un hombre, se�or.
-�Ya! -dijo don Dinero-. En eso estoy.
-Es, se�or -repuso el hombre-, que hay cuatro clases de hombres: hay hombres como son los hombres; hay hombrecillos, hay monicacos y hay monicaquillos que no merecen ni el agua que beben. Pero, como iba diciendo, por mucho que cavamos, por m�s que ahondamos, ni una gota de agua hallamos. No parec�a sino que se hab�an secado los centros de la tierra; nada hallamos, se�or, a la fin y a la postre, sino un zapatero de viejo.
-�En las entra�as de la tierra! -exclam� don Dinero, indignado de saber tan mal avecindado su palacio solariego.
-No, se�or -respondi� el pobre-; no en las entra�as de la tierra, sino de la otra banda, en la tierra de la otra gente.
-�Qu� gentes, hombre?
-Las antr�pulas, se�or.
-Quiero favorecerte, amigo -dijo don Dinero metiendo al pobre pomposamente un duro en la mano.
Al pobre le pareci� aquello un sue�o y ech� a correr que volaba, que la alegr�a le puso alas a los pies; arrib� derechito a una panader�a y compr� pan; pero cuando fue a sacar la moneda no hall� sino un agujero, por el que se hab�a salido el duro sin despedirse.
El pobre, desesperado, se puso a buscarlo; pero �qu� hab�a de hallar! Cochino que es para el lobo no hay San Ant�n que le guarde.
Tras el duro perdi� el tiempo, y tras el tiempo la paciencia, y se puso a echarle a su mala fortuna cada maldici�n que abr�a las carnes.
Do�a Fortuna se tend�a de risa; la cara de don Dinero se puso a�n m�s amarilla de coraje; pero no tuvo m�s remedio que rascarse el bolsillo y darle al pobre otra onza.
A �ste le entr� un alegr�n que le sal�a el coraz�n por los ojos.
Esta vez no fue a por pan, sino a una tienda en que merc� telas para echarles a la mujer y a los hijos un rocioncito de ropa encima.
Pero cuando fue a pagar y entreg� la onza, el mercader le puso por esos mundos, diciendo que aquella era una mala moneda; que, por tanto, ser�a su due�o un monedero falso y que lo iba a delatar a la justicia.
El pobre, al o�r esto, se abochorn� y se le puso la cara tan encendida que se pod�an tostar habas en ella; toc� de suela y fue a contarle a don Dinero lo que le pasaba, llorando por su cara abajo.
Al o�rlo do�a Fortuna, se desternillaba de risa y a don Dinero se le iba subiendo la mostaza a las narices.
-Toma -le dijo al pobre d�ndole dos mil reales-; mala fortuna tienes, pero yo te he de sacar adelante o he de poder poco.
El pobre se fue tan enajenado que no vio, hasta que dio de narices con ellos, a unos ladrones que lo dejaron como su madre lo pari�.
Do�a Fortuna le hac�a la mamola a su marido, y �ste estaba m�s corrido que una mona.
-Ahora me toca a mi -le dijo-, y hemos de ver qui�n puede m�s, las faldas o los calzones.
Acerc�se entonces al pobre, que se hab�a tirado al suelo y se arrancaba los cabellos, y sopl� sobre �l. Al punto se hall� �ste debajo de la mano el duro que se le hab�a perdido.
-Algo es algo -dijo para s�-; vamos a comprarles pan a mis hijos, que ha tres d�as que andan a medio sueldo y tendr�n los est�magos m�s limpios que una paterna.
Al pasar frente a la tienda en la que se hab�a mercado la ropa, lo llam� el mercader y le dijo que le hab�a de disimular lo que hab�a hecho con �l; que se le figur� que la onza era mala, pero que habiendo acertado a entrar all� el contrastador, le hab�a asegurado que la onza era buen�sima y tan cabal en el peso que m�s bien le sobraba que no le faltaba; que ah� la ten�a, y adem�s toda la ropa que hab�a apartado, que le daba en cambio de lo que hab�a hecho con �l.
El pobre se dio por satisfecho, carg� con todo, y al pasar por la plaza, cate usted ah� que la partida de napoleones de la Guardia Civil tra�a presos a los ladrones que le hab�an robado, y en seguida el juez, que era un juez como Dios manda, le hizo restituir los dos mil reales sin costas ni mermas. Puso el pobre este dinero con un compadre suyo en una mina, y no bien hab�an ahondado tres varas, cuando se hallaron un fil�n de oro, otro de plomo y otro de hierro. A poco le dijeron don, luego us�a y luego excelencia.
Desde entonces tiene do�a Fortuna a su marido amilanado y metido en un zapato, y ella, m�s casquivana, m�s desatinada que nunca, sigue repartiendo sus favores sin ton ni son, al buen tunt�n, a la buena de Dios, a cara o cruz, a manera de palo de ciego, y alguno alcanzar� al narrador si le agrada el cuento al lector.
Espero que a do�a Fortuna le d� por repartir entre todos. ;) Como hay veces en que un blog es tambi�n ese lugar en que ponemos aquello que queremos volver a encontrar, aqu� os dejo con uno de los cuentos recopilados por Fern�n Caballero. Si os gusta, ten�is m�s en los siguientes enlaces:

Monday, July 26, 2010

Ella: una historia de aventuras

El t�tulo no miente: si de algo podemos estar seguros en esta novela de Henry Rider Haggard es de que es una magn�fica novela de aventuras, una buena lectura para estas fechas. Una historia de aventuras en �frica, de exploradores del siglo XIX; una historia de fantas�a y de terror, donde todo es posible; y, sobre todo, la historia de una protagonista que no s�lo alcanza la inmortalidad en el libro sino que ha conseguido convertirse en uno de los personajes m�s carism�ticos y atemporales de la literatura popular, inspirando a su vez a un buen n�mero de autores. Mucho se ha escrito sobre Ayesha, pero mejor es acercarse a lo que nos dej� escrito Haggard sobre Ella.

La historia comienza con nuestro narrador, Horace Holly, tutor de Leo Vincey. �l es quien nos gu�a a trav�s de toda esta aventura y quien acompa�a a Leo a �frica para llegar hasta el fondo de un misterio instalado en la familia Vincey desde hace m�s de dos mil a�os: la b�squeda de una reina inmortal de la que una antigua tradici�n familiar les exige vengarse. Siguiendo el hilo de esta extra�a historia, Holly y Leo llegan a la ciudad de K�r, lugar en el que se oculta Ayesha y territorio del actual pueblo de los amahagger, la cuna de una antigua civilizaci�n desaparecida. Todo en la ciudad recuerda el esplendor pasado y el extra�o cataclismo que la hizo desaparecer: sus obras sirven muchas veces de excusa para hacernos mostrar las diferencias de car�cter de Holly y Ayesha, dando algo de profundidad a la historia, y sus numerosas tumbas e historias crean un ambiente inquietante: el de la constante presencia de la muerte en un lugar en el que reina un ser que alcanz� la inmortalidad. Porque la novela es, en parte, la historia de esta inmortalidad: la forma en la que Ayesha aguarda durante milenios el regreso de alguien con quien compartirla, a solas con sus recuerdos y con sus penas, capaz de lo mejor y de lo peor. Quiz�s sea �ste parte de su encanto, la historia de un personaje que no se detiene ante nada, ni siquiera ante la muerte porque, incluso si ha de sucumbir, de una cosa podemos estar seguros: ser� por poco tiempo, ser� para volver. ;)

Ella: una historia de aventuras

El t�tulo no miente: si de algo podemos estar seguros en esta novela de Henry Rider Haggard es de que es una magn�fica novela de aventuras, una buena lectura para estas fechas. Una historia de aventuras en �frica, de exploradores del siglo XIX; una historia de fantas�a y de terror, donde todo es posible; y, sobre todo, la historia de una protagonista que no s�lo alcanza la inmortalidad en el libro sino que ha conseguido convertirse en uno de los personajes m�s carism�ticos y atemporales de la literatura popular, inspirando a su vez a un buen n�mero de autores. Mucho se ha escrito sobre Ayesha, pero mejor es acercarse a lo que nos dej� escrito Haggard sobre Ella.

La historia comienza con nuestro narrador, Horace Holly, tutor de Leo Vincey. �l es quien nos gu�a a trav�s de toda esta aventura y quien acompa�a a Leo a �frica para llegar hasta el fondo de un misterio instalado en la familia Vincey desde hace m�s de dos mil a�os: la b�squeda de una reina inmortal de la que una antigua tradici�n familiar les exige vengarse. Siguiendo el hilo de esta extra�a historia, Holly y Leo llegan a la ciudad de K�r, lugar en el que se oculta Ayesha y territorio del actual pueblo de los amahagger, la cuna de una antigua civilizaci�n desaparecida. Todo en la ciudad recuerda el esplendor pasado y el extra�o cataclismo que la hizo desaparecer: sus obras sirven muchas veces de excusa para hacernos mostrar las diferencias de car�cter de Holly y Ayesha, dando algo de profundidad a la historia, y sus numerosas tumbas e historias crean un ambiente inquietante: el de la constante presencia de la muerte en un lugar en el que reina un ser que alcanz� la inmortalidad. Porque la novela es, en parte, la historia de esta inmortalidad: la forma en la que Ayesha aguarda durante milenios el regreso de alguien con quien compartirla, a solas con sus recuerdos y con sus penas, capaz de lo mejor y de lo peor. Quiz�s sea �ste parte de su encanto, la historia de un personaje que no se detiene ante nada, ni siquiera ante la muerte porque, incluso si ha de sucumbir, de una cosa podemos estar seguros: ser� por poco tiempo, ser� para volver. ;)

Wednesday, April 28, 2010

La torre vig�a, de Ana Mar�a Matute

Seguramente mucha gente no conozca este novela, ya que cuando se habla de la Trilog�a Medieval de Ana M� Matute, la mayor�a de las veces se hace referencia a Olvidado Rey Gud� y muy pocas se habla de las novelas La torre vig�a y Aranmanoth -o se hace s�lo de pasada-. Sobre Gud�, quiz�s la opini�n mayoritaria sea que es un libro extra�o, uno de esos libros que marcan cuando se leen: o gusta mucho o no gusta nada, grande en todos los sentidos de la palabra. Y, sin embargo, cuando se trata de esta Trilog�a Medieval, yo siempre estoy m�s dispuesta a recomendar que se empiece por La torre vig�a o Aranmanoth que por Gud�. Sobre todo, por La torre vig�a. ;) Por muchos motivos, pero sobre todo porque, a pesar de ser una historia corta, o quiz�s precisamente en parte por eso, supone una buena introducci�n a los temas tratados por la autora, al lenguaje y a la atm�sfera fant�stica que se pueden encontrar en estos tres libros. Por lo que me he encontrado, me he llevado siempre la impresi�n de que Gud� puede abrumar a muchos con su forma de contar historias y su extensi�n si no se ha tomado un primer contacto con esta particular regi�n del pa�s de Fantas�a, y es una pena. Su t�tulo y fama atrae al curioso, pero siempre es mejor empezar por cualquiera de los otros dos, probar un peque�o bocado -que no menor- y decidir si nos gusta o no. Y vaya si puede llegar a gustar. 

Leer La torre vig�a fue descubrir toda una nueva forma de narrar una historia y de sumergirse en la fantas�a, algo que s�lo ocurre al acercarnos a uno de los grandes y ver que, por alguna raz�n, tambi�n participamos en parte de cierta visi�n del mundo. La historia se puede resumir como los primeros a�os de un joven y de su preparaci�n como caballero; se puede hablar de una infancia semisalvaje en casa de su padre, donde predomina la violencia, y su posterior formaci�n ya como adolescente en el castillo del bar�n Mohl, donde vuelve a reencontrarse con la inquietante presencia de sus tres hermanos mayores. Tambi�n se puede hablar de los caracteres opuestos y contradictorios del bar�n y la baronesa -la ogresa-, en realidad una forma m�s de querer elevarse sobre la barbarie, y de la presencia cont�nua de la Estepa. Muchos personajes -tambi�n los barones- parecen querer ver en el protagonista la esperanza de algo o le atraen hacia ellos mismos para huir de sus miedos y debilidades, a pesar de su apariencia brusca. Hacia el final, comienza su verdadera formaci�n como vig�a de la torre, momento en que todo se precipita y donde nada ser� lo que parec�a a simple vista en un principio. En resumen, un viaje que vale la pena realizar, un viaje en el que conocer a personajes como Mohl, la ogresa, Krim, el vig�a o el propio protagonista, de quien nunca llegamos a conocer el nombre...

Dejo aqu� un fragmento:

Tras contarme estas cosas, el muchacho vig�a parec�a muy fatigado.
-He sido mendigo salteador, guerrero a sueldo... -dec�a-. Y tambi�n aprendiz de alquimista. Pero, aunque entonces no lo supiera, la verdad es que siempre estuve aqu�.
Se�al� las almenas, que en aquel momento se encend�an.
-Alcanc� este lugar, y nada ni nadie me obligar� a descender de �l. S�lo espero a aquel capaz de reemplazarme, y continuarme... Porque, para mi mal, llegu� a esta torre cuando estaba muy fatigado, herido y manchado por la tierra. Mi fuego se ha diezmado en incontables cenizas, y no soy capaz de sobrevivirme.
-Nadie puede sobrevivirse -murmur�, ganado por su desaliento.
�l movi� la cabeza, con aquel gesto que nunca supe si era negaci�n o renuncia:
-Aquel alquimista a quien serv� no buscaba, en verdad, la f�rmula del oro, sino la continuidad de la vida. Algo que permita al hombre reemplazarse a s� mismo, y conseguir su verdadero ser. Aquel viejo dec�a a menudo que quien alcance esto (si llegaba alg�n d�a a existir) no vivir� apartado de los otros hombres, ni amurallado, ni oculto. Sino que, por el contrario, se prodigar� como la lluvia. Pero, joven caballero, no escuches estas necias memorias, pues mi viejo alquimista no dio con el secreto, ni obtuvo esa f�rmula. Aunque, a menudo, crey� rozarla con los dedos...
Una indignaci�n pueril, por injusta, me exalt�:
-�C�mo sabes que no lo consigui�, est�pido mendigo...?
-Yo no s� nada... -volvi� a decir, repleg�ndose, como un t�mido caracol-. S�lo te cuento lo que estos ojos vieron.

Y un enlace. ;)

La torre vig�a, de Ana Mar�a Matute

Seguramente mucha gente no conozca este novela, ya que cuando se habla de la Trilog�a Medieval de Ana M� Matute, la mayor�a de las veces se hace referencia a Olvidado Rey Gud� y muy pocas se habla de las novelas La torre vig�a y Aranmanoth -o se hace s�lo de pasada-. Sobre Gud�, quiz�s la opini�n mayoritaria sea que es un libro extra�o, uno de esos libros que marcan cuando se leen: o gusta mucho o no gusta nada, grande en todos los sentidos de la palabra. Y, sin embargo, cuando se trata de esta Trilog�a Medieval, yo siempre estoy m�s dispuesta a recomendar que se empiece por La torre vig�a o Aranmanoth que por Gud�. Sobre todo, por La torre vig�a. ;) Por muchos motivos, pero sobre todo porque, a pesar de ser una historia corta, o quiz�s precisamente en parte por eso, supone una buena introducci�n a los temas tratados por la autora, al lenguaje y a la atm�sfera fant�stica que se pueden encontrar en estos tres libros. Por lo que me he encontrado, me he llevado siempre la impresi�n de que Gud� puede abrumar a muchos con su forma de contar historias y su extensi�n si no se ha tomado un primer contacto con esta particular regi�n del pa�s de Fantas�a, y es una pena. Su t�tulo y fama atrae al curioso, pero siempre es mejor empezar por cualquiera de los otros dos, probar un peque�o bocado -que no menor- y decidir si nos gusta o no. Y vaya si puede llegar a gustar. 

Leer La torre vig�a fue descubrir toda una nueva forma de narrar una historia y de sumergirse en la fantas�a, algo que s�lo ocurre al acercarnos a uno de los grandes y ver que, por alguna raz�n, tambi�n participamos en parte de cierta visi�n del mundo. La historia se puede resumir como los primeros a�os de un joven y de su preparaci�n como caballero; se puede hablar de una infancia semisalvaje en casa de su padre, donde predomina la violencia, y su posterior formaci�n ya como adolescente en el castillo del bar�n Mohl, donde vuelve a reencontrarse con la inquietante presencia de sus tres hermanos mayores. Tambi�n se puede hablar de los caracteres opuestos y contradictorios del bar�n y la baronesa -la ogresa-, en realidad una forma m�s de querer elevarse sobre la barbarie, y de la presencia cont�nua de la Estepa. Muchos personajes -tambi�n los barones- parecen querer ver en el protagonista la esperanza de algo o le atraen hacia ellos mismos para huir de sus miedos y debilidades, a pesar de su apariencia brusca. Hacia el final, comienza su verdadera formaci�n como vig�a de la torre, momento en que todo se precipita y donde nada ser� lo que parec�a a simple vista en un principio. En resumen, un viaje que vale la pena realizar, un viaje en el que conocer a personajes como Mohl, la ogresa, Krim, el vig�a o el propio protagonista, de quien nunca llegamos a conocer el nombre...

Dejo aqu� un fragmento:

Tras contarme estas cosas, el muchacho vig�a parec�a muy fatigado.
-He sido mendigo salteador, guerrero a sueldo... -dec�a-. Y tambi�n aprendiz de alquimista. Pero, aunque entonces no lo supiera, la verdad es que siempre estuve aqu�.
Se�al� las almenas, que en aquel momento se encend�an.
-Alcanc� este lugar, y nada ni nadie me obligar� a descender de �l. S�lo espero a aquel capaz de reemplazarme, y continuarme... Porque, para mi mal, llegu� a esta torre cuando estaba muy fatigado, herido y manchado por la tierra. Mi fuego se ha diezmado en incontables cenizas, y no soy capaz de sobrevivirme.
-Nadie puede sobrevivirse -murmur�, ganado por su desaliento.
�l movi� la cabeza, con aquel gesto que nunca supe si era negaci�n o renuncia:
-Aquel alquimista a quien serv� no buscaba, en verdad, la f�rmula del oro, sino la continuidad de la vida. Algo que permita al hombre reemplazarse a s� mismo, y conseguir su verdadero ser. Aquel viejo dec�a a menudo que quien alcance esto (si llegaba alg�n d�a a existir) no vivir� apartado de los otros hombres, ni amurallado, ni oculto. Sino que, por el contrario, se prodigar� como la lluvia. Pero, joven caballero, no escuches estas necias memorias, pues mi viejo alquimista no dio con el secreto, ni obtuvo esa f�rmula. Aunque, a menudo, crey� rozarla con los dedos...
Una indignaci�n pueril, por injusta, me exalt�:
-�C�mo sabes que no lo consigui�, est�pido mendigo...?
-Yo no s� nada... -volvi� a decir, repleg�ndose, como un t�mido caracol-. S�lo te cuento lo que estos ojos vieron.

Y un enlace. ;)

Sunday, March 7, 2010

Atravesado por la flecha y Antoine de las tormentas, de Luis Dur�n

Le� estas dos obras -Atravesado por la flecha y Antoine de las tormentas- hace alg�n tiempo y realmente me impresionaron. Luis Dur�n tiene un estilo muy personal de contar historias; una manera sencilla pero que engancha casi a traici�n: es conmovedora, on�rica, tierna... Y, sin embargo, no es enteramente amable ni creo que guste a todo el mundo pero a m�, estas dos historias, me llegaron. Como les hall� algunos puntos en com�n, me ha parecido adecuado dedicarles una misma entrada: 
Entre los temas comunes que tratan ambas obras est�n el del mundo de los sue�os y el de los muertos, muy cercanos entre s�, y la especial relaci�n que tienen los protagonistas con ambos mundos, sobre todo durante su infancia, a trav�s de los cuentos infantiles. Una relaci�n que parece perdida durante la vida adulta y que, de alguna manera, parece una de las causas de sus desgracias: en alg�n momento los abandonaron u olvidaron y sus vidas se convirtieron en un simple dejarse llevar. El mundo en el que viven los personajes es muchas veces cruel; en cambio, el mundo de los sue�os es algo a�orado, el calor de la infancia. En relaci�n con ello, est� el tema del destino y el del tiempo limitado que tenemos para vivir nuestras vidas y c�mo, la mayor�a de las veces, este tiempo se pierde de manera absurda. La muerte, de alguna manera, es una forma de volver a encontrar un mundo perdido. Eso s�, si en Atravesado por la flecha se transmite un sentimiento de esperanza (Bernard toma la decisi�n de vivir por su cuenta la poca vida que le queda y otros le siguen con la misma intenci�n y buena voluntad) en Antoine de las tormentas prevalece m�s el sentimiento de destino fatal que persigue al protagonista sin que �ste pueda hacer nada. 

Atravesado por la flecha es una historia m�s corta pero tambi�n me dio la sensaci�n de ser m�s redonda y m�s amable. La situaci�n de Bernard, a pesar de ser m�s desesperada, lo convierte en alguien sin nada que perder y que, por tanto, consigue ganar algo antes del final. Es precisamente esto lo que hace de �l un peligro para quienes le persiguen. Antoine de las tormentas, en cambio, es como una trampa que se va cerrando en torno al protagonista sin que este se d� cuenta de tal manera que, al final, se cierra de forma brusca, incluso para los lectores, con un "se acab� nuestro tiempo" que corta la historia de manera definitiva. A lo largo de la trama principal se van intercalando los peque�os cuentos que Irene, la madre de Antoine, le contaba de ni�o, como si nos fueran preparando para algo, un algo que no consigue llegar. Eso s�, las historias son una maravilla. ;)

No voy a contar detalles; al menos esta vez, no. Me conformo con despertar algo de inter�s y que los lea quien quiera. Realmente me atrajeron los temas que trata y la forma en que lo hace. ;)

Atravesado por la flecha y Antoine de las tormentas, de Luis Dur�n

Le� estas dos obras -Atravesado por la flecha y Antoine de las tormentas- hace alg�n tiempo y realmente me impresionaron. Luis Dur�n tiene un estilo muy personal de contar historias; una manera sencilla pero que engancha casi a traici�n: es conmovedora, on�rica, tierna... Y, sin embargo, no es enteramente amable ni creo que guste a todo el mundo pero a m�, estas dos historias, me llegaron. Como les hall� algunos puntos en com�n, me ha parecido adecuado dedicarles una misma entrada: 
Entre los temas comunes que tratan ambas obras est�n el del mundo de los sue�os y el de los muertos, muy cercanos entre s�, y la especial relaci�n que tienen los protagonistas con ambos mundos, sobre todo durante su infancia, a trav�s de los cuentos infantiles. Una relaci�n que parece perdida durante la vida adulta y que, de alguna manera, parece una de las causas de sus desgracias: en alg�n momento los abandonaron u olvidaron y sus vidas se convirtieron en un simple dejarse llevar. El mundo en el que viven los personajes es muchas veces cruel; en cambio, el mundo de los sue�os es algo a�orado, el calor de la infancia. En relaci�n con ello, est� el tema del destino y el del tiempo limitado que tenemos para vivir nuestras vidas y c�mo, la mayor�a de las veces, este tiempo se pierde de manera absurda. La muerte, de alguna manera, es una forma de volver a encontrar un mundo perdido. Eso s�, si en Atravesado por la flecha se transmite un sentimiento de esperanza (Bernard toma la decisi�n de vivir por su cuenta la poca vida que le queda y otros le siguen con la misma intenci�n y buena voluntad) en Antoine de las tormentas prevalece m�s el sentimiento de destino fatal que persigue al protagonista sin que �ste pueda hacer nada. 

Atravesado por la flecha es una historia m�s corta pero tambi�n me dio la sensaci�n de ser m�s redonda y m�s amable. La situaci�n de Bernard, a pesar de ser m�s desesperada, lo convierte en alguien sin nada que perder y que, por tanto, consigue ganar algo antes del final. Es precisamente esto lo que hace de �l un peligro para quienes le persiguen. Antoine de las tormentas, en cambio, es como una trampa que se va cerrando en torno al protagonista sin que este se d� cuenta de tal manera que, al final, se cierra de forma brusca, incluso para los lectores, con un "se acab� nuestro tiempo" que corta la historia de manera definitiva. A lo largo de la trama principal se van intercalando los peque�os cuentos que Irene, la madre de Antoine, le contaba de ni�o, como si nos fueran preparando para algo, un algo que no consigue llegar. Eso s�, las historias son una maravilla. ;)

No voy a contar detalles; al menos esta vez, no. Me conformo con despertar algo de inter�s y que los lea quien quiera. Realmente me atrajeron los temas que trata y la forma en que lo hace. ;)

Sunday, January 24, 2010

Doneval / Favila

Hace algunas semanas me encontr� con esta entrada en La Frikoteca que me hizo recordar cierta obra poco conocida, pero a la que tengo un especial cari�o por ser la primera que me acerc� a la fantas�a heroica: Doneval, de Graham Dunstan Martin. En realidad, esta novela es la primera de una duolog�a que qued� completa con Favila -nombre de la protagonista femenina- del mismo autor. Las dos formaban parte de la Colecci�n Austral Juvenil, que se pod�a conseguir en los kioskos har� algo m�s de veinte a�os y de la que formaban parte tambi�n obras tan conocidas en su d�a como El misterio de la isla de T�kland, de Joan Manuel Gisbert.

Estas novelas juveniles fueron especiales por varios motivos; aparte de ser mi primera aproximaci�n a la fantas�a como g�nero, hay que destacar tambi�n la forma en que est�n narradas las aventuras y la manera en que trata algunos temas que no se ven con mucha frecuencia en la literatura dirigida a estas edades. Porque Doneval no es s�lo la t�pica novela de fantas�a con h�roe adolescente -Evan- que salva un reino -o dos- y con alg�n gui�o a la obra de Tolkien -Falsardo tiene bastante de Saruman-, es tambi�n una historia en la que los magos discuten con �l algunos aspectos de la magia que resultan ser de lo m�s interesantes ya que, en ella, el fondo es mucho m�s importante que las formas y la luz y la oscuridad -o las dudas y las sombras- van siempre unidas y no es buena idea querer separarlas.
Porque la oscuridad son dudas, incertidumbres. Si destierras la duda, si crees que est�s en lo cierto todas las veces y no corres riesgo de equivocarte, f�jate el mal que podr�as hacer.
Estas explicaciones dar�n m�s juego en la novela Favila, que tiene algunas partes muy curiosas como son las historias de el topo, de Itan�quina -el mundo que habitan todos aquellos que murieron antes de tiempo-, o las historias de Doble / Evan y Estrella / Favila (Inciso: Estrella es la princesa de Ruino y Doble es en realidad Malvenido, hijo de Malfacer, Se�or de Espiajes; ambos tienen en com�n que son en cierto sentido los dobles de los protagonistas, as� como Ruino y Oscuria forman en realidad un solo reino y alg�n caso m�s de doble identidad. Con estas novelas comenz� tambi�n mi fascinaci�n por las historias que tratan el tema de los dobles o doppelg�ngers, no es la primera vez que sale este tema en el blog y quiz�s no sea la �ltima). En fin, no sigo por ah� porque tampoco quiero destripar la historia, con despertar cierto inter�s es suficiente. ;)

No quiero acabar esta entrada sin antes mencionar algunos detalles de la edici�n en espa�ol: por un lado hay que agradecer la traducci�n de Mar�a Luisa Balseiro, llama mucho la atenci�n el cuidado de la misma en general y la traducci�n de los nombres de personajes y lugares en particular, es algo que muchas veces no se hace y me da la sensaci�n que muy pocas se hace bien; por otro, son de agradecer tambi�n las ilustraciones de Juan Carlos Eguillor, algunas de la cuales se pueden ver aqu� y que tienen un estilo muy personal. ;) El trabajo de ambos es fundamental en la imagen que nos hemos creado de este mundo todos los que hemos le�do la historia. La mala noticia es que las dos obras est�n descatalogadas, y es una verdadera l�stima. Estas obras de fantas�a, como algunas ya cl�sicas, tendr�an que estar siempre a disposici�n de todos. Sirva este blog para aportar mi peque�o granito de arena en la tarea de que no caiga en el olvido. ;)

Doneval / Favila

Hace algunas semanas me encontr� con esta entrada en La Frikoteca que me hizo recordar cierta obra poco conocida, pero a la que tengo un especial cari�o por ser la primera que me acerc� a la fantas�a heroica: Doneval, de Graham Dunstan Martin. En realidad, esta novela es la primera de una duolog�a que qued� completa con Favila -nombre de la protagonista femenina- del mismo autor. Las dos formaban parte de la Colecci�n Austral Juvenil, que se pod�a conseguir en los kioskos har� algo m�s de veinte a�os y de la que formaban parte tambi�n obras tan conocidas en su d�a como El misterio de la isla de T�kland, de Joan Manuel Gisbert.

Estas novelas juveniles fueron especiales por varios motivos; aparte de ser mi primera aproximaci�n a la fantas�a como g�nero, hay que destacar tambi�n la forma en que est�n narradas las aventuras y la manera en que trata algunos temas que no se ven con mucha frecuencia en la literatura dirigida a estas edades. Porque Doneval no es s�lo la t�pica novela de fantas�a con h�roe adolescente -Evan- que salva un reino -o dos- y con alg�n gui�o a la obra de Tolkien -Falsardo tiene bastante de Saruman-, es tambi�n una historia en la que los magos discuten con �l algunos aspectos de la magia que resultan ser de lo m�s interesantes ya que, en ella, el fondo es mucho m�s importante que las formas y la luz y la oscuridad -o las dudas y las sombras- van siempre unidas y no es buena idea querer separarlas.
Porque la oscuridad son dudas, incertidumbres. Si destierras la duda, si crees que est�s en lo cierto todas las veces y no corres riesgo de equivocarte, f�jate el mal que podr�as hacer.
Estas explicaciones dar�n m�s juego en la novela Favila, que tiene algunas partes muy curiosas como son las historias de el topo, de Itan�quina -el mundo que habitan todos aquellos que murieron antes de tiempo-, o las historias de Doble / Evan y Estrella / Favila (Inciso: Estrella es la princesa de Ruino y Doble es en realidad Malvenido, hijo de Malfacer, Se�or de Espiajes; ambos tienen en com�n que son en cierto sentido los dobles de los protagonistas, as� como Ruino y Oscuria forman en realidad un solo reino y alg�n caso m�s de doble identidad. Con estas novelas comenz� tambi�n mi fascinaci�n por las historias que tratan el tema de los dobles o doppelg�ngers, no es la primera vez que sale este tema en el blog y quiz�s no sea la �ltima). En fin, no sigo por ah� porque tampoco quiero destripar la historia, con despertar cierto inter�s es suficiente. ;)

No quiero acabar esta entrada sin antes mencionar algunos detalles de la edici�n en espa�ol: por un lado hay que agradecer la traducci�n de Mar�a Luisa Balseiro, llama mucho la atenci�n el cuidado de la misma en general y la traducci�n de los nombres de personajes y lugares en particular, es algo que muchas veces no se hace y me da la sensaci�n que muy pocas se hace bien; por otro, son de agradecer tambi�n las ilustraciones de Juan Carlos Eguillor, algunas de la cuales se pueden ver aqu� y que tienen un estilo muy personal. ;) El trabajo de ambos es fundamental en la imagen que nos hemos creado de este mundo todos los que hemos le�do la historia. La mala noticia es que las dos obras est�n descatalogadas, y es una verdadera l�stima. Estas obras de fantas�a, como algunas ya cl�sicas, tendr�an que estar siempre a disposici�n de todos. Sirva este blog para aportar mi peque�o granito de arena en la tarea de que no caiga en el olvido. ;)

Friday, November 20, 2009

Mariposas de aceite en el �rbol de las brujas

More about EL ARBOL DE LAS BRUJAS-Oh, qu� estra�o, qu� cosa tan rara -murmur� Tom.
-�Qu�? -le dijo Ralph, junto a �l.
-All�, en Illinois, hemos olvidado de qu� se trata. Quiero decir los muertos, all� en nuestro pueblo, esta noche, diantre, nadie piensa en ellos. Eso s� que puede llamarse soledad.
Eso es verdaderamente triste. Mientras que aqu�, bueno... Es alegre y triste al mismo tiempo. Aqu� en la plaza todo son petardos y esqueletos de juguete, y all� arriba en el cementerio todos los mexicanos muertos reciben las visitas de los parientes, y flores y velas y cantos y dulces. Quiero decir que es casi como el D�a de Gracias, �no? Y todos se sientan a comer, pero s�lo la mitad puede comer, pero eso no tiene importancia, est�n all�. Es como tomarse de las manos en una sesi�n de espiritismo, s�lo que algunos de los amigos ya no est�n. Oh, diantre, Ralph.
-S�, s� -dijo Ralph, asintiendo detr�s de su m�scara -. Diantre.

Noviembre, el mes de los muertos. Leyendo esta  fant�stica novela de Ray Bradbury, que nos embarca en un m�gico viaje, junto a un grupo de ni�os, para conocer el origen y las diferentes formas que ha tomado a lo largo de la historia esta festividad, he recordado algunos detalles del d�a de difuntos que no me eran extra�os hace algunos a�os: he recordado, sobre todo, las peque�as llamas de las mariposas de aceite (mariposas de aceite, mariposas de luz, lamparillas de aceite, xinxetes d'oli,... como las querais llamar) ardiendo en la oscuridad. �Qu� ha sido de ellas? Buscando un poco me he dado cuenta de que, como casi todo, siguen ah� y se siguen utilizando y vendiendo bajo otras formas. Creo que van a volver a formar parte de mi presente. �Por qu� no? A veces cuesta tan poco...

Imagen: Trampas de Tinta

Mariposas de aceite en el �rbol de las brujas

More about EL ARBOL DE LAS BRUJAS-Oh, qu� estra�o, qu� cosa tan rara -murmur� Tom.
-�Qu�? -le dijo Ralph, junto a �l.
-All�, en Illinois, hemos olvidado de qu� se trata. Quiero decir los muertos, all� en nuestro pueblo, esta noche, diantre, nadie piensa en ellos. Eso s� que puede llamarse soledad.
Eso es verdaderamente triste. Mientras que aqu�, bueno... Es alegre y triste al mismo tiempo. Aqu� en la plaza todo son petardos y esqueletos de juguete, y all� arriba en el cementerio todos los mexicanos muertos reciben las visitas de los parientes, y flores y velas y cantos y dulces. Quiero decir que es casi como el D�a de Gracias, �no? Y todos se sientan a comer, pero s�lo la mitad puede comer, pero eso no tiene importancia, est�n all�. Es como tomarse de las manos en una sesi�n de espiritismo, s�lo que algunos de los amigos ya no est�n. Oh, diantre, Ralph.
-S�, s� -dijo Ralph, asintiendo detr�s de su m�scara -. Diantre.

Noviembre, el mes de los muertos. Leyendo esta  fant�stica novela de Ray Bradbury, que nos embarca en un m�gico viaje, junto a un grupo de ni�os, para conocer el origen y las diferentes formas que ha tomado a lo largo de la historia esta festividad, he recordado algunos detalles del d�a de difuntos que no me eran extra�os hace algunos a�os: he recordado, sobre todo, las peque�as llamas de las mariposas de aceite (mariposas de aceite, mariposas de luz, lamparillas de aceite, xinxetes d'oli,... como las querais llamar) ardiendo en la oscuridad. �Qu� ha sido de ellas? Buscando un poco me he dado cuenta de que, como casi todo, siguen ah� y se siguen utilizando y vendiendo bajo otras formas. Creo que van a volver a formar parte de mi presente. �Por qu� no? A veces cuesta tan poco...

Imagen: Trampas de Tinta

Saturday, July 11, 2009

De Maeglin

De entre todos los personajes que aparecen en las obras de Tolkien, de entre todas las historias que tienen como escenario la Tierra Media, siempre me quedar� con Maeglin y con las extra�as circunstancias en las que naci�, vivi� y muri�.

Quiz�s pueda sonar extra�o, pero me apasiona como car�cter. Por decirlo de alguna manera, se aparta en muchos aspectos de aquello a lo que Tolkien pareciera tenernos acostumbrados en materia de elfos y, tambi�n, nos deja algunas inc�gnitas sin resolver y algunos ecos de historias antiguas que avivan la imaginaci�n.

As�, ya su nacimiento implica una historia poco usual: c�mo Aredhel, la hermana del rey Turgon de Gondolin, la ciudad oculta, decide dejar su encierro y volver a recorrer los caminos en busca de sus primos, los hijos de F�anor, con quienes comparti� una gran amistad en Valinor. Por otro lado E�l, llamado el Elfo Oscuro por su car�cter taciturno, pariente del rey Thingol, ya hac�a tiempo que hab�a abandonado Doriath, siguiendo tambi�n un extra�o deseo, y se hab�a instalado en Nan Elmoth, donde los �rboles eran tan altos que tapaban la luz del Sol pero donde se pod�a caminar bajo la luz de las estrellas, como antes de la llegada de Morgoth. La historia de esta pareja no pod�a ser m�s extra�a, pues se mueve en muchos aspectos entre luces y sombras: Aredhel queda literalmente atrapada en los dominios de E�l, aunque se dice que, al menos al principio, no estaba del todo descontenta con su nueva vida. Como puede verse, es una historia con muchos ecos de cuentos cl�sicos pero, aqu�, el final no ser� feliz. Importante diferencia.

















Es en estas circunstancias que nace Maeglin. Y, con su nacimiento, empiezan a verse tambi�n los que ser�n futuros problemas en el para�so; aunque parezca en un primer momento algo inocente, Aredhel le da un nombre en la lengua de los Noldor: L�mion, hijo del crep�sculo, por haber nacido en las sombras de Nan Elmoth. E�l no le dar� un nombre -Maeglin, mirada aguda- hasta que el ni�o tenga doce a�os de edad y empiece a advertir sus cualidades. As� pues, cada uno empieza a darle una educaci�n a su manera: Aredhel, adem�s de darle un nombre en Quenya, prohibido en Doriath y en los dominios de E�l, le cuenta historias que despertar�n en ella el anhelo de volver a Gondolin y, en Maeglin, el deseo de conocer realmente el mundo que hay m�s all� de Nan Elmoth. Por su lado, E�l se centrar� en ense�arle sus conocimientos de herrero y en hacer que le acompa�e en sus viajes a las ciudades de los Enanos, a los que le une tambi�n una rara amistad y de los que Maeglin aprender� los secretos de la extracci�n de metales.
















Pasan los a�os, hasta que estalla el conflicto: Maeglin, en su ingenuidad, pide a E�l poder visitar a los hijos de F�anor, de los que ha escuchado tantas historias de labios de su madre. Poco pod�a suponer hasta qu� punto llegaba el odio de su padre por los Noldor, a los que culpaba de la vuelta de Morgoth. Realmente, �cu�l fue el pasado de E�l? Esto es algo de lo que ya nunca podremos saber nada, pero que abre numerosas puertas a la imaginaci�n. En todo caso, la relaci�n entre E�l y Maeglin empieza a ir de mal en peor hasta que, por �ltimo, Maeglin, aprovechando una ausencia de E�l, convence a Aredhel para huir. A esas alturas, no tuvo que rogar mucho para convencerla...

Parten hacia Gondolin con E�l, que finalmente se percata de lo que ocurre, pis�ndoles los talones. Y entra en escena la ciudad; mas, lo que hab�a de ser el verdadero principio de la vida para Maeglin, habr� de convertirse en el principio del fin. Y es que, si bien llegan sanos y salvos y son bien recibidos por Turgon, E�l llegar� poco despu�s y reclamar� su vuelta. La mala fortuna se aliar� con los malos �nimos, cosa que har� que Aredhel muera por defender a Maeglin y E�l sea condenado a muerte por su acci�n. As� se cumple un destino tr�gico y, por otro lado, supone el comienzo de la ca�da de Maeglin como personaje.

Ser� colmado de honores por parte de Turgon, en recuerdo de su hermana, y Maeglin prosperar� tambi�n por m�ritos propios en Gondolin gracias a su habilidad para trabajar y extraer metales. Pero su car�cter, ya de por s� similar al de E�l, no har� m�s que agriarse: amar� a su prima Idril sin ser correspondido y sin esperanza de serlo alg�n d�a y tampoco podr� ya nunca m�s abandonar la ciudad, con todo lo que esto supondr� para �l. As� pues, realmente todos sus anhelos se vienen abajo y se abre un interrogante: �hasta qu� punto su deseo por Idril tiene que ver con la Maldici�n / Profec�a de Mandos? De nuevo parecen resonar antiguos ecos de viejas historias: las faltas de los antepasados, de alguna manera, marcar�n el futuro de la descendencia... Y el propio origen de Maeglin no es el m�s habitual.

No es de extra�ar, pues, que se comporte con H�rin y Huor de forma desagradable, ya que adem�s ellos recibir�n de Turgon permiso para abandonar Gondolin. Y, sin embargo, cuando el rey le pida, antes de la Batalla de las L�grimas Innumerables, quedarse como regente en la ciudad, rechazar� el ofrecimiento y marchar� con �l, mostrando all� su valor. Quiz�s fuera un �ltimo -o pen�ltimo- intento por salir a flote. Quiz�s de nuevo resuenan los ecos de viejas historias: un ofrecimiento similar al que le hiciera Arturo a Mordred, pero con resultados muy diferentes... de momento.















Poco importar�. Una vez que, a�os despu�s, llegue Tuor a Gondolin se ver� que ya no hay remedio. Llegar� hasta el extremo de oponerse a abandonar la ciudad con tal de llevarle la contraria, un detalle que a menudo pasa desapercibido, pero que muestra muy a las claras c�mo su obsesi�n por Idril se ha vuelto contra �l y se antepone a su deseo inicial de libertad. Por otro lado, tambi�n es cierto que dejar� mucho de s� mismo en Gondolin, en cierta manera igual que Turgon, en cierta forma para evadirse de sus fantasmas. Muestra de ello es la construcci�n de la S�ptima Puerta de Gondolin tras su vuelta de la Nirnaeth Arnoediad. Otro detalle que muestra claramente c�mo todo se est� precipitando es el hecho de a veces se aventure fuera de los l�mites en su b�squeda de metales, desobedeciendo las leyes de Turgon.


















Durante una de estas expediciones ser� capturado y llevado ante Morgoth. Aceptar� ofrecerle la ubicaci�n de la ciudad por temor a las torturas y, el Valar, en su alegr�a, le prometer� a su vez el gobierno de Gondolin y a la propia Idril. Y a este ofrecimiento se aferrar�, contra toda raz�n. Como dijo Maquiavelo, "...recordemos que el demonio tambi�n hace milagros" y Maeglin volver� de buena gana a la ciudad, con �nimo, creyendo haber encontrado una salida a su situaci�n. Cuando caiga Gondolin en manos de Morgoth, Maeglin perecer�, vencido por Tuor en un duelo sobre los muros de la ciudad. Me gusta imaginar este duelo como el duelo final de "Los Vikingos" y que hubiese tenido, de alguna manera, alg�n �ltimo momento de lucidez. En fin, tampoco lo sabremos nunca. Otra historia para la imaginaci�n.

En todo caso, no hay duda de que estamos ante un gran personaje, m�s rico en matices de lo que se pueda pensar a primera lectura, eternamente anhelando moverse hacia la luz pero cayendo en las sombras. Ojal� le vaya mejor en las Estancias de Mandos. ;D


Im�genes: Catherine Karina Chmiel-Gugulska

Wednesday, July 1, 2009

Cuando Juan y Tula fueron a Siritinga

Ah, Siritinga... Cu�ntos recuerdos. �De verdad que han pasado ya nueve a�os desde que lo emitieron? Pues parece que est� a un mundo de distancia. Y, sin embargo, ha dejado a muchos "siriting�logos y siriting�filos" sueltos por la Red ;). En aquella �poca todav�a estudiaba y era f�cil viajar hasta Siritinga por las tardes (o a la ma�ana siguiente, con la repetici�n) con el �nico equipaje de unos cascos. S�, era f�cil estar en otro lugar y f�cil ocultarlo... Recuerdos de un tiempo feliz.

Ahora mi puerta a Siritinga se abre aqu�.
Como muestra, �por qu� no escuchar el cap�tulo 00 y el cap�tulo 01? ;)


    • Villancicos de Siritinga para escuchar:
    1. Biborgs biborgs
    2. Cantinela de Confucio para Siritinga
    3. Centauros en la tormenta
    4. Cien maravedises
    5. Come to siritinga + imanol
    6. Cu�nto biborgs es tu amor
    7. El-Jormaz Bond
    8. Gotas de flujo bermell�n
    9. La canci�n del compa�ero Sikarra
    10. Mares del Sur

    Y, por supuesto, no se puede dejar de visitar: Tributo a Siritinga